Los riesgos asociados a la electrocirugía pueden afectar tanto al paciente como a los profesionales sanitarios. Entre ellos se incluyen:
Descarga eléctrica: Se puede minimizar utilizando la puesta a tierra de electrodos indiferentes. El cirujano debe usar guantes quirúrgicos de plástico para evitar una descarga eléctrica.
Quemaduras eléctricas/térmicas: La electrocirugía conlleva el riesgo de incendio o explosión si los materiales inflamables, como el alcohol, el oxígeno y los gases intestinales, están cerca del sitio de tratamiento. Las quemaduras se pueden minimizar mediante diversas medidas, como el uso de limpiadores no inflamables como la clorhexidina o la povidona-yodo, y asegurarse de que la persona que está siendo tratada no esté en contacto con objetos metálicos, y asegurarse de que el electrodo no se coloque sobre una prominencia ósea, tejido cicatricial o metal implantado.
Propagación de la infección y producción de gases tóxicos: La infección puede propagarse a través del electrodo de tratamiento, el humo quirúrgico y las microgotas de sangre aerosolizadas. Las gotitas de sangre aerosolizadas pueden propulsadas hasta 30 cm y pueden ser infecciosas si se inhalan. El humo quirúrgico generado durante el procedimiento puede propagar virus y bacterias. El humo también transporta productos químicos peligrosos y sustancias cancerígenas (carcinógenos). El riesgo de infección se puede reducir mediante el uso de un sistema de evacuación de humo, junto con máscaras faciales, gafas protectoras y guantes quirúrgicos. Los electrodos desechables o esterilizados también ayudan a prevenir la propagación de infecciones.
Mal funcionamiento de marcapasos cardíacos y desfibriladores: Existe un riesgo de mal funcionamiento de los dispositivos cardíacos implantados debido al paso de la corriente eléctrica a través del cuerpo del paciente.




